Por JAMES MOORE

Hace algún tiempo un querido amigo me preguntaba con cierta ironía, que qué sucedía que no había logrado derrocar a Nicolás Maduro con mis escritos; pregunta que, supongo, muchos otros amigos y enemigos de este columnista hacen retumbar en el espacio sideral con mucha frecuencia. Pero la respuesta para uno y para todos, es que, por supuesto, la idea de la reiterada temática no es ni podría ser, la de tener tal poder que desde EL PERIÓDICO DE UTAH pudiera, este servidor, subvertir las condiciones políticas de Venezuela, hasta lograr derrocar un régimen tiránico, criminal, omnímodo y manipulado desde la isla de Cuba. La intención desde el primer día que traté esta temática en la columna, siempre fue, es y será la de advertir a los multinacionales lectores en Utah, como a los demás en los países de la América hispana, de cosas que por muchos años iban sucediendo sin que nadie les regalara, siquiera, una mirada; quizás ni los mismos gobiernos de los Estados Unidos prestaron atención al muy solapado, lento y silencioso accionar de los Castro desde su isla. Accionar dedicado a corroer todas las eternamente deterioradas estructuras políticas y gubernamentales de Latinoamérica, más a unas que otras, para conquistar el poder en tan vasto continente. Y eso es lo que se ha venido repitiendo en  mis recientes columnas, a pesar de que a la mayoría de la gente en los países hispanos mis conceptos les resulten como traídos de los cabellos, como conceptos falaces, sin asidero alguno en la realidad; tanto que se empecinan en sostener que este columnista exagera, aun viendo cómo la mayoría de los países suramericanos, por ejemplo, hoy permanecen bajo gobiernos, o desgobiernos, según la óptica de quien observe la realidad política, atrapados con los grilletes del comunismo castrista, como Nicaragua y Venezuela, o los decadentes estados socialistas de Ecuador y Bolivia, países en los que el pan diario va llegando con mayores dificultades; y que el desarrollo económico,  social, además de la libertad de expresión, van siendo materia de opresivas y abusivas restricciones. Pues frente a semejantes situaciones y tendencias, la idea siempre será la de advertir a los ciudadanos de las otras naciones sobre los caminos que pueden estar corriendo sus países, porque ante la inadvertencia, ante el descuido y despreocupación de la gente que considera que los ciudadanos de sus países no son proclives a las ideas comunistas, es cuando el peligro de ser atrapados por las feroces redes del comunismo, ni siquiera manejado por los nacionales de esos países, sino por los emperadores comunistas de Cuba, resulta más letal, más destructivo y mortífero para sus sociedades. La forma como las naciones suramericanas fueron cayendo en las manipuladoras garras  del SOCIALISMO DEL SIGLO XXI, con efecto dominó, desde hace dos décadas, son ejemplo contundente de lo que se ha expresado aquí; sólo que en general la gente de  las naciones que cayeron víctimas de ese movimiento, no tenía en consideración, siquiera, que el centro generador, motriz e ideológico de tan nefastos hechos, fuera Cuba, porque lo feroces líderes de la manada, los Castro, supieron mandar y manipular a través de interpuestas personas, como Hugo Rafael Chávez Frías, quien aún, al acceder al poder en Venezuela,   se mostraba investido con piel de manso y muy cauteloso cordero ante la comunidad internacional, tanto que se dio el lujo de mentir y de negar, ante la prensa internacional, sus relaciones y acuerdos con los Castro; también, cual Judas, negó su profunda esencia  comunista. Recordemos aquí las palabras del poeta y pastor protestante alemán, Martin Niemöller, no del dramaturgo Bertold Brecht, a quien se las atribuyen de manera errónea: “Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas, y yo no hablé porque no era ni lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.” Así advertía Niemöller los peligros del fascismo de derecha… pues este columnista advierte los mismos peligros del fascismo de izquierda.