Por JAMES MOORE

Han transcurrido 25 días desde la publicación de mi anterior columna titulada NO SEAMOS TAN ILUSOS. Columna con la que advertía que nadie debía hacerse ilusiones sobre los caminos a que podía conducir el traslado al seno de su hogar, de Leopoldo López, el más importante preso político del tirano Nicolás Maduro. Hoy el mundo entero es testigo del repugnante camino y la horrenda puesta política escogida por el criminal régimen con el regreso de López a las mazmorras de la prisión militar de Ramo Verde, en compañía, además, del también preso desde hace dos años, Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas.

El tiránico régimen ha reincidido en poner contra el paredón a los millones de venezolanos que están en su contra, y para ello ha conducido, violando todas las normas y procedimientos legales, a los más destacados y significativos líderes de la oposición, a un presidio militar, como a otros 486 presos políticos que hoy tiene Venezuela. Tanto López, como Ledezma, se encontraban descansando en sus hogares y en compañía de sus familias, cuando, a las dos o tres de la madrugada, fueron asaltados por piquetes militares de gente encapuchada y armada hasta los dientes, como si se tratara de capturar a bandidos de altísima peligrosidad, no de dos ciudadanos ya presos y controlados por la Guardia Nacional Bolivariana, con grilletes electrónicos… ¿Cuáles fueron los motivos reales que provocaron semejante tropelía por parte de la tiranía Maduro? ¡Terrorismo de Estado en su más densa esencia! Poner a esa Venezuela, cada día con más ciudadanos que claman desesperados para que les sea devuelta la libertad, la democracia, la educación, la alimentación, la salud y la paz, de rodillas… ¿Por qué? Porque los verdaderos resultados del manipulado e inconstitucional proceso electoral para elegir los actores de la asamblea constituyente realizado el domingo anterior, no fueron los falaces ocho millones de votantes que anunció pomposa, casi lujuriosamente, la muy experta manipuladora y violadora de resultados electorales, Tibisay Lucena, sino que la paupérrima votación arrojó nefastas cifras que asustaron a Maduro y todo su séquito, respecto de su posible continuidad, por ello se vieron obligados,  Maduro y su cohorte de malandros, a entender que sólo por la fuerza y bajo los métodos del terror podrán seguir dominando el país, tal como lo gritó a los cuatro vientos el mismo Maduro en una de sus amenazantes alocuciones, cuando dijo que “…lo que no pudimos con los votos, lo haremos con las armas…”.

Y así es como han decidido seguir coaccionando y poniendo contra el muro a toda una nación, porque las simples coerciones y las amenazas de dejar sin empleos, sin viviendas, sin auxilios alimenticios a quienes no se plegaran a las votaciones para elegir asambleístas para la constituyente, no resultaron ser efectivas; el fracaso fue de tal magnitud, que el día de las elecciones el gobierno no permitió la presencia de un solo periodista en los lugares de votación, bajo la soberana y estúpida disculpa de que era tal el gentío, el volumen de ávidos votantes, que la prensa no cabía en el lugar, como si los periodistas de Venezuela, un país donde el Estado manipula y controla los medios de comunicación, no hubieran podido ser los más seguros y certeros garantes, los públicos notarios que dieran fe de tan estruendosos volúmenes de gente, para así acallar las quejas y reclamos de los disidentes, de toda la oposición y de la mayoría de naciones del mundo que de manera anticipada rechazaron semejante evento. Nadie en el planeta tierra, partidario, neutral o contrario al gobierno de Maduro, pudo conocer una sóla fotografía de los abigarrados puestos de votación el pasado 30 de julio en Venezuela. Por el contrario, lo que ese nefasto día pudo conocer el mundo respecto de Venezuela, fueron los 17 muertos causados por la sevicia de las fuerzas del orden ensañadas contra quienes protestaban por la realización de unas elecciones inconstitucionales creadas para derruir la patria venezolana, para aniquilar los residuos de democracia que de alguna manera puedan subsistir; para poner a todo un país, a una nación, su pasado, su presente y su futuro, contra el paredón de los sometimientos, de las infamias y vilezas… entre otras cosas porque la mansedumbre del llamado bravo pueblo ha resultado la perfecta aliada de las bellacas mañas de todos los asesores de inteligencia llegados desde las criminales escuelas de sicarios y carceleros del régimen castrista, quienes instruyen a las fuerzas públicas sobre la más aviesas maneras de conducir al sometimiento al pueblo venezolano; pueblo que ha buscado superar sus diferencias y dificultades con el régimen a través de nobles, legales y constitucionales procedimientos, mientras que los detentores del poder y sus asociados cubanos, además de los crecientes refuerzos provenientes de las guerrillas colombianas, están dispuestos a producir la debacle y los derramamientos de sangre que sean necesarios, cueste lo que cueste, con tal de permanecer apropiados de esa Venezuela que, a las claras se vislumbra, desaparecerá de manera definitiva como democracia, para convertirse mediante la más ilegal de las constituciones del mundo, en Estado Comunista ¡CONTRA EL PAREDÓN!