Los Ángeles, 2 ago jul (EFEUSA).- Después de cruzar en 2014 el Río Grande como parte de la masiva oleada de niños que huyeron de Centroamérica, los hermanos José y Arleth Pocop disfrutan ahora el asilo tras el miedo que los persiguió desde su llegada al país.
Los menores, ahora de 11 y 12 años, estuvieron un mes en un albergue supervisado por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) antes de que pasaran al cuidado de su madre Vanesa Pineda, que de inmediato solicitó el asilo por el abuso doméstico al que fueron sometidos en la casa de su exsuegra en Guatemala.

CIUDAD DE GUATEMALA (GUATEMALA), 06/01/2016.- Catorce personas, cuatro madres y 10 niños deportados de Estados Unidos hacia Guatemala, caminan por la pista del aeropuerto internacional La Aurora de Guatemala. EFE

 

“Haber ganado el asilo político me pone muy feliz porque ahora no tengo temor de andar en las calles y que me mire una policía de ICE, ya no me va dar miedo”, dijo a Efe Arleth.

“Yo me sentía muy aterrada de salir a la calle con mi mamá, porque sentía que me podían volver a agarrar y meterme en esa como hielera que tenían ahí”, explicó la estudiante.
Los hermanos Pocop, que ahora viven en Los Ángeles, emigraron de Escuintla durante la oleada de menores centroamericanos que junto a niños mexicanos totalizaron en 2014 la cifra récord de 68.541 detenidos por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés).
“Yo me sentía aterrorizado, porque pensaba que inmigración me iba a detener y que me iba a llevar para Guatemala y ya no iba a ver a mi mamá otra vez”, declaró a Efe José.
El joven ya ganó reconocimientos escolares en matemáticas y lectura, de igual manera su hermana por asistencia perfecta.
Ambos ya hablan inglés y por ello no necesitaron intérprete en entrevista final con un oficial de inmigración.
Su madre, de 31 años, emigró en 2012 en busca de un empleo para proveer de un mejor futuro a sus hijos, que los dejó en casa de la exsuegra.
Señala que la decisión de traerlos con una mujer “coyote” fue por la inseguridad en Guatemala y porque sentía que no les “estaban dando una buena vida”.
“Mis hijos se mantenían mucho en la calle, no me les daban de comer, me los trataban mal”, agregó la madre, que aseveró que sus “temores” eran de que “se fueran a perder, que agarraran vicios, que se fueran a la droga, pandillas, que se volvieran unos asaltantes”.
El abogado de los menores, Eric Price, dijo que pese al éxito de este caso, le preocupan otros jóvenes que carecen de ayuda legal y están expuestos a la deportación pese a la gran posibilidad que tendrían de lograr un asilo.
Los niños “tienen muy buenas oportunidades de obtener un estatus migratorio legal, pero es bien difícil proveer ayuda legal cuando ya han sido deportados”, agregó Price, quien fue asistente del consejo principal del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
“Muchas personas son removidas inapropiadamente, prácticamente los atropellamos, porque sus casos no son presentados rápidamente”, alertó Price, quien dice que de cada 100 casos resuelve con éxito el 75.
Según cifras del DHS de 2016, al final de la presidencia de Barack Obama, las aprehensiones en el país fueron 530.250, de las cuales terminaron deportadas 450.954 personas, cifra que proyecta superar en 2017 su sucesor, el presidente Donald Trump.
El actual año fiscal, que comenzó el 1 de octubre de 2016, han sido detenidos 31.096 niños hasta los 17 años sin acompañantes, la mayoría centroamericanos, según la Patrulla Fronteriza en el sur del país.
Guatemala con 10.447 menores en centros de detención de ICE, en los primeros 8 meses del periodo fiscal 2017, es el país que encabeza la lista por el clima de violencia de pandillas, seguido por El Salvador (8.005), Honduras (6.236) y México (5.915).