Por JAMES MOORE

Tras los muy esperados y con antelación conocidos resultados de las manipuladas elecciones regionales en Venezuela, este columnista dedicó algunos  días y esfuerzos a investigar las reacciones y sentimientos de los ciudadanos de ese país exiliados en Bogotá y la región circunvecina de la Sabana de Bogotá, donde se han establecidos varias decenas de miles de ellos huyendo de la violencia impuesta por la dictadura, del hambre y de todos los peligros que hoy asechan a los ciudadanos de bien, sin que siquiera medie algún tipo de condición social; el sólo hecho de querer ser decentes, trabajar y ganarse el sustento para ellos y sus familias, se ha convertido, según la ideología y procedimientos de las huestes chavistas y los miles de asesores cubanos encargados de controlar,  dirigir y gobernar los pasos y procesos de la llamada revolución socialista del SIGLO XXI, en delitos que deben ser castigados con las peores formas de acoso, limitaciones, tortura, sometimiento, constreñimiento y persecución. Así es como el régimen ha venido rompiendo  las vidas de los venezolanos y hasta las mínimas esperanzas que tengan  sobre  un mejor estar. El tirano Maduro y sus patrones cubanos todos los días le están rompiendo, destruyendo las tradicionales formas de vida, de convivencia, de alimentarse, de producir y satisfacer las más elementales necesidades a la ciudadanía venezolana, sin importarles que hoy sean de neta supervivencia. Supervivencia por la que, hasta no hace muchos días, los venezolanos estaban entregados a lucha por defender y conservar sus ya disminuidos, empobrecidos y limitados modos de vida; sabían y saben  que ya no son los que otrora pudieron conocer y disfrutar hasta el ascenso al poder por parte del chavismo, cuando gracias a las acciones destructivas, de derrumbamiento y aniquilación,  ejecutadas por parte del “comandante eterno”, desde entonces apoyado por la constante y celosa guía del imperio castrista, entraron en merma absoluta en cuanto a cantidades y calidades de lo que antes les significaba tener derechos a disfrutar una vida digna, así fuera bajo las más humildes condiciones. Hoy la vida que llevan las grandes mayorías venezolanas, nada  tiene de digna en gracia a que todas las acciones gubernamentales están enfocadas a eliminar hasta las más simples y sencillas comodidades, a controlar los más elementales actos individuales y humanos, incluidos, por supuesto, el pensar libremente y  expresarse; todos los esfuerzos del régimen dictatorial están enfilados a romper cualquier signo de bienestar porque dentro de la enfermiza y miserable ideología comunista que maneja y busca imponer a toda costa, sólo caben las buenas andanzas y la buena vida de los cabecillas del poder, quienes día a día ejecutan los actos necesarios, legales o ilegales, constitucionales o no, que los conduzca a apropiarse de cuanto los beneficie y enriquezca a ellos mientras le coartan al resto de la ciudadanía el acceso a mejores servicios incluidos los de salud, a la adquisición de bienes, y como lo sabe el mundo entero, limitan y restringen al pueblo hasta para acceder a la comida mínima, indispensable para la supervivencia humana, a las medicinas básicas para atender las enfermedades modernas, y a la satisfacción de las más elementales necesidades de los ciudadanos del siglo XXI; todo ello lo tiene controlado de manera absoluta el Estado socialista del chavismo, pues en la mente y la ideología comunista sólo ellos, quienes se han apoderado de manera falaz de los poderes del Estado en nombre del pueblo, tienen derecho a poseer bienes; y los bienes que el pueblo quisiera tener… ¡son del estado comunista! Como sucedió con las ilusorias viviendas gratuitas para los ciudadanos más desposeídos, a las que ninguno de ellos pudo ni puede tener acceso sino bajo viles condiciones de entrega y servilismo al poder, y siempre bajo la amenaza de ser expulsados si no cumplen las obligaciones  y exigencias que el chavismo les impone. Pero volviendo a la lucha que hasta hace pocos días estaban librando los venezolanos de todas las condiciones en las calles del país, tenemos que decir que, de un momento a otro, fue suspendida, eliminada, porque la unidad de intereses y criterios con que se estaban movilizando, se rompió. Cierto es que esa lucha venía significándole al país un doloroso y trágico saldo de vidas humanas, pero no por ello se suspendieron las luchas populares  contra la tiranía, sino por un hecho tanto o más doloroso que la pérdida de vidas: ¡La llamada “Unidad Democrática” de los políticos opositores al régimen, se hizo añicos a la engatusadora voz del régimen: ELECCIONES REGIONALES”!  La mayoría de los llamados líderes partidistas que componían esa Unidad Democrática cayeron de rodillas, como anestesiados, obnubilados ante los brillos del espejito electoral que socarrona y pícaramente les mostró el régimen… Ávidos por unas migajas de poder claudicaron ante la tiranía asesina y su Consejo Nacional Electoral, CNE, que sigue divirtiéndose a expensas de tanta ingenuidad, de tanta y tan envilecida hambre de poder. La Unidad Democrática quedó rota de inmediato en mil fracciones, las calles que eran del pueblo con el “apoyo” de los líderes de esa unidad…se desocuparon de protestantes que de nuevo creyeron en los ilusorios caminos que les señalaron los jefes de los partidos, de las regiones; esos ciudadanos los siguieron anhelantes por un fantasioso  nuevo rumbo que les estaban mostrando con una supuesta y demasiado optimista conquista de poderes regionales; desestimaron las capacidades y actitudes una y mil veces mostradas, probadas y comprobadas por parte del gobierno central y su perverso apéndice del CNE, que durante casi veinte años le ha esquilmado a la voluntad del pueblo los funcionarios que escoge con sus votos para los puestos públicos. El gobierno chavista ha sido definitivamente fiel a aquella premisa estalinista que dice que “no importa quienes votan sino quienes cuenta los votos”,  durante esos veinte años ha usurpado múltiples puestos de gobierno regionales a través del conteo de votos, de igual manera con un número indeterminado de candidatos opositores a la Asamblea Legislativa; y cómo olvidar aquel 19 de abril de 2013, cuando le raparon la primera magistratura de la nación venezolana a Henrique Capriles, cuando en uno de esos perversos actos de magia política de Tibisay Lucena, Rectora del CNE, quien con la disculpa de una caída del sistema, desapareció de la vista pública  a las 8:30 de la noche de aquel 19, con un Capriles casi electo por su ventaja en votos, y reapareció a las 3:40 de la madrugada del 20 de abril para sacar de la galera a un Nicolás Maduro elegido –por arbitrio de ella- como presidente “constitucional” para el período 2013 – 2019. Acto que le mostró al país y al mundo cuan rota estaba ya la institucionalidad, y cuánto y hasta donde estaba, desde entonces, dispuesto el poder a hacer por “sí mismo” y sus exclusivos intereses. Intereses que se han fortalecido, magnificado mediante las imposiciones del tirano Maduro y de la ILEGAL… INCONSTITUCIONAL  Asamblea Nacional Constituyente, que a la fecha obligó a cuatro de los cinco pírricos gobernadores  concedidos a la oposición por la dictadura con lo que considera puede pavonearse como supuesta democracia ante el mundo, a postrarse ante el pleno de la llamada “Asamblea Prostituyente Cubana”, para poder ejercer sus cargos. Así todo ha sido roto en Venezuela… rota la historia, rota la herencia libertaria de Bolívar; rotas las leyes, rota la constitución, rota la libertad, rota la expresión,  rota la política y la verdadera Democracia; rota la productividad y rotas todas las riquezas; rotas las personas, las individualidades, rotas las familias, las sociedades, las ciudades y pueblos… Rota Venezuela… Rotas las ilusiones y la fe de los ciudadanos en sus codiciosos pero arrodillados líderes; rotas las esperanzas… ¡TODO ROTO!