El presidente filipino Rodrigo Duterte estrecha la mano del presidente estadounidense Donald Trump durante la 31ª Cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en el Centro Cultural de Filipinas (CCP) en Manila el 13 de noviembre de 2017

MANILA

Donald Trump exhibió este lunes en Manila su buena sintonía con Rodrigo Duterte, el controvertido presidente filipino que lleva a cabo en su país una sangrienta guerra contra el tráfico de estupefacientes y asegura haber matado a puñaladas a un hombre, cuando era adolescente.

Sentados uno al lado del otro, el presidente estadounidense y su homólogo filipino, de 71 y 72 años respectivamente, aparecieron muy distendidos, haciendo bromas al inicio de su primera reunión.

“Somos aliados” de Estados Unidos, “somos un importante aliado” dijo Duterte.

Pero los dos presidentes hicieron pocas declaraciones ante los periodistas, ignorando en particular los temas sobre derechos humanos.

La “guerra contra la droga” llevada a cabo con medios expeditivos por Duterte le vale, a nivel internacional, una oleada de críticas.

“Tenemos muy buenas relaciones” subrayó Trump, en esta reunión celebrada al margen de una cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Luego, habló del tiempo: “En Filipinas, el tiempo siempre acaba siendo bueno…”.

En cambio, Trump — que termina en Filipinas una gira que lo llevó a cinco países de Asia– no dijo nada cuando se le preguntó por el tema de los derechos humanos.

“No es una conferencia de prensa, es una reunión bilateral” intervino Duterte, sentado a su lado, sin corbata, antes de que los periodistas abandonaran la pieza.

El asunto de los derechos humanos “no fue tratado” durante la entrevista de 40 minutos entre Trump y Duterte, según el portavoz del presidente filipino, Harry Roque.

Sarah Sanders, portavoz del ejecutivo estadounidense, aseguró por su parte que el tema fue tratado “brevemente”.

Las relaciones entre Manila y Washington, países aliados unidos por un acuerdo de defensa, han sufrido vaivenes tras la llegada al poder en 2016 del populista abogado filipino.

Hace un año, durante una cumbre en Laos, el precedente presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anuló una entrevista con Duterte tras haber sido tratado por éste de “hijo de puta”.

Duterte, que mantiene una alta popularidad en Filipinas, reivindica claramente su estilo y comentó hace algunos días cómo, a los 16 años, había matado a puñaladas a un hombre durante una “trifulca”.

Su entorno, sin embargo, sugiere que no hay que tomarlo al pie de la letra, ya que es un adepto de la “hipérbole”.

Tanto para el caso de Filipinas como para otros países acusados de violar los derechos humanos, la administración Trump afirma que no permanece inactiva pero que prefiere la discreción más que las denuncias públicas.